CUBA: AGONÍA DE UNA REVOLUCIÓN

CUBA: AGONÍA DE UNA REVOLUCIÓN
Fidel Castro, dictador cubano

…El dios de la miseria se ha encargado de darle a la realidad otro sentido. Otro sentido, nunca presentido… Cuando tu sueño se haya realizado (difícil, muy difícil cometido) no habrá la sensación de haber triunfado, más bien queda en el cerebro fatigado la oscura intuición de haber vivido, bajo perenne estafa sometido.

Reinaldo Arenas, Poeta y disidente cubano

 

¡Patria o muerte. Venceremos!, y finalmente venció la muerte, y de la patria aún queda mucho por construir. La muerte de Fidel Castro tiene tanta significación histórica para Cuba, como para el resto del continente. Desde su llegada a la escena política, ha sido un hombre de controversias, de discurso e ideas radicales que supo calar profundo en el ideario izquierdista latinoamericano.

Su influencia durante 57 largos años de Revolución Cubana es innegable, y en la última década se encargó de renovar con éxito su séquito de aliados estratégicos. A partir del liderazgo del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez con su Revolución Bolivariana y su Socialismo del siglo XXI, logró tejer nuevos hilos en los que se posicionaron el Kirchnerismo argentino, el Partido Trabajador brasileño, el indigenismo boliviano, la Revolución Sandinista nicaragüense, y la promesa de “Volver a tener patria” ecuatoriana.

Se trata de una izquierda diferente a la de la década del 60´, alimentada no por las luchas contra las injusticias de las brutales dictaduras de las extremas derechas, sino de la construcción de un imaginario acerca del héroe revolucionario supremo y eterno, sobre el cual se sostiene los nuevos regímenes disfrazados de democracias participativas y protagónicas; fallidos populismos anti imperialistas que hoy por hoy se tambalean ante el eminente fracaso. Por supuesto, luego de muerte de Fidel Castro ya hay quien habla de una herencia casi sagrada que hay que continuar.

Pero la revolución no es eterna.

Para bien o para mal, las revoluciones sí terminan. Aquel discurso del legado revolucionario que se alimenta de heroicas, pero erradas interpretaciones históricas, se desgasta progresivamente y choca estrepitosamente contra una realidad dantesca,  marcada por la miseria que presenta hoy la isla caribeña.

Para Cuba, el fracaso ya había superado la fecha de caducidad. El discurso pronunciado por Fidel Castro en diciembre de 1969 sobre el fracaso de la zafra de los 10 millones, hace aterrizar al pueblo cubano, evidenciando las devastadoras carencias que diez años de revolución no habían solucionado. El dictador no sólo admitió que el utópico proyecto en el que movilizó al país entero para producir 10 millones de toneladas de azúcar fracasó, sino que hizo inventario público de todas las áreas que fueron descuidadas, afectando gravemente la economía global de la isla.

Un fracaso económico continuado y sostenido, que requirió la dependencia primero de la Unión Soviética, y luego de Venezuela. Si bien el bloqueo económico por parte de EEUU, (el más longevo en la historia de ambas naciones) no le permite a Cuba concretar acuerdos e intercambios económicos con el país anglosajón, lo cierto es que las políticas económicas internas propias de un estado totalitario produjeron mayores dificultades, enormes desigualdades, y supremos esfuerzos del pueblo cubano para sobrevivir.

Para 1989 después de la caída del Bloque Soviético, Cuba cayó en el llamado Periodo especial en la que la dictadura sufrió otra retracción de su propuesta ideológica, y aceptó la inversión extranjera a través de la apertura masiva al turismo para tratar de subsanar un déficit presupuestario cada vez más estrecho. Los programas sociales en educación, salud y alimentación de los que se enorgullecía el régimen se vieron afectados gravemente.

Políticas de austeridad durante cinco décadas que llevó al gobierno a implementar una libreta de racionamiento bastante limitada, que le permite obtener algunos recursos básicos. En 2011 ya con Raúl Castro en el poder, la icónica libreta de la pobreza sufrió severos recortes. Se decidió subsidiar no ya los alimentos y bienes básicos, sino a las personas que realmente la necesitaran, de esta manera más productos básicos salieron de la lista para ser vendidos a precios libres absolutamente inasequibles para el cubano. 2011 fue el mismo año en que Raúl Castro anunciaría despidos masivos en puestos del estado, un total de 1.300.000 personas quedarían sin empleo en lo que los catedráticos calificaron como “quedar en el vacío”.

Pero para medir la tragedia cubana basta mirar las cifras de exiliados, desplazados y refugiados. El éxodo del Mariel en 1980, los miles de cubanos que se encuentran actualmente en las misiones venezolanas, la crisis de balseros por el Caribe, y aquellos que deben vencer los obstáculos de viajar por Centroamérica hacia EEUU, huyen del hambre. Sólo en EEUU se contabiliza para el año 2009, unos 3 millones de cubanos, es decir, un 27% la población.

Sin embargo hoy la libertad de Cuba está cada vez más cerca, aunque la magnitud de 60 años de comunismo Castrista aún está por medirse en toda su extensión. Y a pesar de los diferentes honores ofrecidos al héroe revolucionario, para Latinoamérica la muerte de Fidel Castro es sin duda un respiro, la última página de un capítulo oscuro de  su historia.

Autora: Merlen Delgado es historiadora especializada en Historia de América.

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