DANIEL ORTEGA: LA DICTADURA QUE SE REPITE

DANIEL ORTEGA: LA DICTADURA QUE SE REPITE
Daniel Ortega, dictador de Nicaragua

Guerrilla, nepostismo y persistencia en el poder son las deplorables características que representan al actual presidente nicaragüense Daniel Ortega. Desde el siglo pasado, Nicaragua no ha tenido tregua en la dureza de su historia, y el enriquecimiento de sus líderes y el secuestro de los poderes públicos han sido, hasta hoy, la orden del día.

La reforma constitucional sobre reelección indefinida es el arma favorita de los dictadores contemporáneos latinoamericanos. Es el mismo arma que desde 2014 utiliza el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que de cumplir el presente período sin ningún tipo de contratiempos, protagonizaría el mandato más longevo que tendría ese país. Gobernó primero entre 1985 y 1990, y luego desde 2007.

Daniel Ortega fue un hombre de guerrilla; como personaje arquetípico de las revoluciones, luchó contra la dinastía de los Somoza que se perpetró en el poder desde 1934 hasta 1979 durante el periodo histórico llamado somocismo. Su dictadura se caracterizó por el control militar, la entrega de la producción nacional a capitales estadounidenses y por la acumulación de una fortuna extraordinaria. Mientras que la población obrera y campesina sufría los estragos de la pobreza, la familia Somoza gozaba de un estatus oligárquico que controlaba todos los ámbitos del Estado.

Aunque de forma no consecutiva, el primer Somoza en ocupar el poder fue Anastasio Somoza García, dictador de Nicaragua entre 1937 y 1947, y entre 1950 y 1956. Su hijo, Luis Somoza Debayle, ocupó el puesto presidencial entre 1956 y 1963. Para terminar el periodo del somocismo, Anastasio Somoza Debayle sucede a su hermano como Jefe de Estado entre 1967 y 1972 y entre 1974 y 1979. Y es en esta fecha que Ortega llega a la palestra pública a través del Frente Sandinista de Liberación Nacional, asestando un golpe de estado contra Somoza DeBayle.

Líder indiscutible de la guerrilla sandinista, Daniel Ortega vigiló las ideas antiimperialistas y socialistas de la Revolución Cubana, aunque con sutiles diferencias. Al caer la dictadura, Ortega se convirtió en el Coordinador del Gobierno de Reconstrucción Nacional, confiscó varios activos patrimoniales de los Somoza y nacionalizó las principales industrias, pero no cambió el sistema económico al estilo soviético, ni acabó totalmente con las libertades políticas, permitiendo la formación de otros partidos y la celebración de elecciones. En un principio, Daniel Ortega, que gozaba del prestigio popular de haber acabado con el somocismo, permitió la pluralidad de ideas en la nueva dirección del país.

Ortega recibió entonces un país completamente devastado por la guerra civil, el sometimiento militar y el saqueo de los recursos. Dentro del contexto de la Guerra Fría, los EEUU bajo la administración de Ronald Reagan emprendieron un plan de contención de nuevos líderes socialistas que pudieran dar cuartel al Eje Soviético. En 1982 impulsó la invasión de antiguos militares somocistas, así como sabotajes económicos, creando una región altamente conflictiva entre El Salvador, Nicaragua y Honduras.

Finalmente, la paz es propuesta por el mismo Ortega en 1983, en la que estas naciones firman el Acuerdo de Esquipulas II que sentó las bases para un periodo de democratización relativa. Al siguiente año gana la presidencia respaldado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, dominando con el 66% de los votos, y repitiendo en las elecciones de 2007, en las que recibió el segundo país más pobre del continente. Las deudas sociales dominaron el panorama y las tasas de emigración ascendieron exponencialmente, así como el crecimiento de la pobreza en un 78%.

Entre 2007 y 2012, Ortega acentúa su populismo socialista uniéndose estratégicamente con el presidente venezolano Hugo Chávez a través del ALBA y el ALCA que había creado el líder de la Revolución Bolivariana. De igual manera, sus relaciones con Cuba se estrecharon compartiendo reformas sociales como analfabetismo cero, hambre cero y educación gratuita.

En 2011 violó la Constitución al amañar unas elecciones que estaban vetadas por la Carta Magna, y en 2014 logró la reelección indefinida violando los acuerdos internacionales que Nicaragua había firmado en la década del 80 y con los que se había estabilizado la región.

De derrotar la dinastía somocista pasó a instalar la propia. Controla la mayoría del Congreso por partido único, controla las fuerzas armadas y la mayoría de las gobernaciones. Los expertos en política lo llaman nepotismo socialista, y es que al igual que los Somozas, Daniel Ortega ha colocado en puestos influyentes del Estado a miembros de su familia. Su esposa Rosario Murillo, de ser vocera del gobierno pasó a la vicepresidencia, además de tener a siete hijos en cargos claves relacionados con medios de comunicación, producción petrolera, seguridad pública y como encargados de la construcción del Canal de Nicaragua, entre otros.

Las recientes elecciones se celebraron bajo el apelativo de farsa. Daniel Ortega había anulado los partidos de oposición y había prohibido la veeduría internacional. Como respuesta, la oposición hizo un llamado a la abstención dando como resultado un 70% imposible de adjudicar a la participación o a la ausencia de votantes. Ante los ojos del mundo cayeron los principios democráticos en Nicaragua, y Daniel Ortega se ha convertido en aquello contra lo que luchó una vez.

Autora: Merlen Delgado es historiadora especializada en Historia de América.

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