NEWSLETTER 421: Días de furia

NEWSLETTER 421: Días de furia

Decía hace unas horas Isabel San Sebastián en lo de Federico que los votantes del PP debían votar a Ciudadanos porque no hay nadie más a la derecha (sic). Escuché la afirmación con estupor, más aún teniendo en cuenta que apenas unos días antes había acudido, quizás sentado donde ella misma se encontraba, Javier Ortega Smith, brillante político y eficaz abogado del partido Vox que tan admirable tarea persecutoria está protagonizando contra los golpistas catalanes.

Hay en ese afán hacia Ciudadanos, que nos lleva desde Losantos a Gabilondo pasando por José María Aznar López, un hedor ciertamente sospechoso que uno nunca sabe si favorecerá al favorecido o, como sucedió con Hillary Clinton o don Iker Casillas Fernández, acabará enterrándole en la autocomplacencia. La opinión pública, llegado el punto de ebullición adecuado, ha demostrado en no pocas opciones preferir al outsider antes que al protegido con ímpetu superior y opuesto al que los poderes fácticos han empeñado en lo contrario.

Uno regresa a Losantos tras abandonar a locutor de ustedes, Herrera Carlos, que lleva más de un mes con el objetivo completamente desenfocado quién sabe si por alguna influencia monclovita, antaño templo de la recuperación, hoy acaso refugio de la fragilidad. En Cope hemos asistido estupefactos unas veces al enaltecimiento de Iceta, otras al blanqueamiento de Junqueras y siempre al encubrimiento de la tibia, indigna e inane estrategia del presidente Rajoy Brey. Basta.

Sorprende que ninguno de los grandes popes de la derecha española haya siquiera valorado que la sociedad que ha sacado por fin las banderas a la calle podría no aceptar la transacción entre la cobardía y el oportunismo, que no es sino la misma cobardía camuflada en una vulgar apariencia de instinto. Del riverita socialdemócrata al liberal de Cádiz transcurrieron apenas un par de encuestas; del riverita que condenaba el 155 al que lo apoyaba de toda la vida sucedió el renacer de España. Quienes observamos cómo nos arrebataban la nación en aquellos días de furia hicimos bueno el titular de Federico que ¡esta vez sí!, dio en el clavo: ha muerto un Estado, renace un Reino. 

La muerte del Estado, como así la percibió la mayoría de españoles que se opuso de manera espontánea, casi instintiva, al asalto no ya de la democracia, sino de su país, por parte de una minoría golpista, consentida, amparada y ensalzada por el poder establecido, no acaba en la merecida destrucción del partido Podemos, que ha demostrado aún mayor odio a España que preferencia por el poder, sino que alcanza a todos y cada uno de los partidos parlamentarios: el desnaturalizado popular partido de Rajoy Brey y la fracasada vicepresidenta, el oportunista, superficial e infiable partido del progresista riverita y el inclasificable socialismo del irrelevante sánchez castejón. 

Aquellos días de ira en los que se humilló globalmente a la nación, se amenazó sin ambages la existencia de la mitad de Cataluña y se trató como a perros a las fuerzas nacionales del orden, pocos olvidamos, aún hoy, que el Gobierno se escondía tras cualquier institución que pudiera hacerle sombra, Ciudadanos se sumaba a la primera ola que le pudiera llevar a unas elecciones regionales y el psoe se esmeraba por evitar el cierre de tv3, altavoz del golpe y portavoz del odio a España. Ni siquiera Europa, en cuyo corazón reside impunemente el golpista de gerona, se resistió a deslizar, tarde y mal, que cuidado con usar la fuerza en defensa de la unidad, como si la propiedad, lo que es nuestro, se pudiera proteger en última instancia de algún otro modo.

La reciente crisis económica, que no supuso finalmente un giro hacia la extrema posmodernidad de la mediocre izquierda podemita, provocó una brecha entre los representantes y sus representados acaso mínima en comparación con la que se ha producido antes, durante y después del golpe. Desde la infame manipulación de los atentados de Barcelona, donde el Rey fue insultado, España expulsada y las víctimas ninguneadas en favor del fotogénico multiculturalismo, caballo de Troya del islamismo, hasta la sucesión de acontecimientos de los meses de septiembre y octubre, respondidos con espeluznante cobardía y oportunismo por parte de los cargos electos que en nuestro país son. 

Se produce cada tantas décadas, en cada sociedad, en cada país, una catarsis que aniquila la prevalencia de visiones hasta entonces hegemónicas. Basta  observar con algo de atención para percibir que España vuelve a estar preparada para una alternativa que defienda la unidad nacional como valor previo y superior a cualquier disposición legal, que promueva la supresión de la descentralización política como medio para garantizar la libertad e igualdad de todos los españoles, que proteja su identidad como nación europea asentada sobre el pensamiento griego, las instituciones romanas y los principios del Cristianismo y que reivindique su glorioso legado como descubridora del mundo conocido.

España cuenta las horas para su revitalización, y si el popular partido de Rajoy Brey no está dispuesto a afrontar el histórico desafío, quienes así lo deseamos sólo podremos mirar hacia su derecha, donde una fuerza extraparlamentaria lleva meses ejerciendo y defendiendo aquella contundencia por la que muchos salimos a la calle en aquellos días de furia.

Siempre vuestro,

mb.

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