NEWSLETTER 396: Mario Puzo

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Buenos días, hoy es miércoles 6 de septiembre:

Locutor de ustedes, Herrera Carlos, ha sonado en las últimas horas para presentar una tertulia política en Televisión Española. El progresismo tuitero, tan histérico como totalitario, se alzó en armas porque un caballero ajeno a su grotesca trinchera pueda siquiera aproximarse a una cadena pública.

La lobotomía mediática impulsada desde 2004 por el Gobierno de aquella época ha convencido a muchos de que el espectáculo, el arte, el cine o la radio están reservados para intensitos progresistas, a poder ser plurinacionales, comprometidos con el mundo y ataviados con prominentes gafas de pasta. Todo lo que no sea un clon de Raúl Romeva es fascista.

Como muestra, un caballero del que omitiremos el nombre catalogó a Herrera Carlos de homófobo, retrógrado, taurino y machista, todo en una sola frase. Sin anestesia. Bertín Osborne les causó un shock del que muchos no se han recuperado; otro caballero de derechas en prime time les puede provocar una embolia. Que no sea nada.

Fueron hombres como Osborne y mujeres como Rosa Díez, que votó a Rajoy Brey, los que aquel mítico 26 de junio nos libraron de la inopia millenial. Rivera, que lleva dirigiendo Ciudadanos once años y está preocupado porque Rajoy pueda gobernar España más de ocho, recibió ayer una dura reprimenda de Díez.

El Gobierno no hizo nada el 9-N, aseveró digno Rivera.

Y tú, ¿qué hiciste?, le reprochó Rosa Díez.

Lo cierto es que en aquella fecha sólo UPyD fue a los juzgados mientras don Alberto Carlos Rivera Díaz les acusaba de judicializar la política. Rajoy Brey, durmiendo el sueño de los justos, tampoco se movió, pero al menos ahora no da lecciones a los demás sobre lo que se hubo de hacer entonces.

Ayer conocimos dos hechos decisivos sobre la estrategia del Gobierno ante el Golpe. Uno: el Tribunal de Cuentas urgió a Mas y otros diez cargos golpistas a que presenten el 25 de septiembre la fianza por los gastos de aquel infausto 9-N. A Mas, que se le está poniendo cara de Carpanta, le costaría la broma nada menos que cinco millones de euros. Para empezar.

Dos: el Gobierno intervendrá el Boletín regional de Cataluña para impedir que se promulguen las leyes golpistas, manteniendo sus intentos en papel mojado. Dice Andrés Herzog, el tipo que más y mejor luchó contra la corrupción en España, que eso es tan efectivo como quitarle a un atracador la licencia de armas, y no le falta razón. Pero.

El perfil bajo de Rajoy Brey, que ha envalentonado al golpismo, puede ponerle en bandeja las carreras políticas y el futuro penal de sus adversarios antes del 1 de octubre, con la opinión pública, socialdemocracia incluida, en pánico y reclamando su intervención. Sólo aplicando la ley, y con la excusa de hacer lo que no tiene más remedio, puede eliminar políticamente a la cúpula del nacionalismo mientras asume legítimamente la gestión de aquella autonomía.

¿Qué otro político en España ha tenido una oportunidad así en cuarenta años?

Si la aprovecha, Mario Puzo esbozará una sonrisa.

Siempre vuestro,

mb.