NEWSLETTER 404: Seducción

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Buenos días, hoy es martes 19 de septiembre:

Tras el 1 de octubre, no hay político de relevancia en España que no sepa lo que hay que hacer: mejorar el encaje de Cataluña en España, seducir a la sociedad catalana, ceder negociar con los golpistas. Todos ellos parten de una premisa inaceptable: Cataluña es el nacionalismo y su voluntad unívoca es la deslealtad.

Los golpistas han identificado Cataluña con su causa y el resto de España compró el fraude. Cataluña no es Junqueras, tampoco Puigdemont, y desde luego no son las CUP. Cataluña es la mayoría silenciosa que, tras cuarenta años de adoctrinamiento e imposición política, mediática y cultural, sigue sin ser independentista.

El problema catalán, que no es otro que el de las clases dirigentes a las que se les ha dejado hacer y deshacer a su antojo, siempre se ha querido resolver de un modo: cediendo. La debilidad y la cobardía generan mucho más desprecio que compasión; si España quiere seducir, horrendo verbo para la cuestión, debe empezar por recuperar la autoridad sobre los golpistas.

Arran, que no es sino un grupo terrorista en ciernes al que el Estado debería frenar ya por las malas o por la peores, lanzó ayer una campaña en la que llamaba a señalar a los ediles que no colaboraran con el golpe. ¿Cómo va a seducir España si se percibe como un Estado débil y cobarde, acomplejado a la hora de aplicar la ley y utilizar la fuerza en defensa de los suyos?

El golpismo nos ha convencido de que Cataluña siempre quiere más autogobierno y eso nos ha llevado a la situación actual. Quizás ha llegado el momento de explorar la única vía inexplorada en democracia: que esa mayoría silenciosa que ha resistido al huracán totalitario vuelva a sentirse protegida por un Estado con mando en plaza. Es decir, que Cataluña vuelva a ser lo que siempre fue: española.

El fiscal Maza ya ha advertido a Puigdemont de que, si se llega a producir el referéndum, incluirá en los delitos que se le imputan el de sedición, penado con 10 años de cárcel. Además, Hacienda ha anunciado que controlará los gastos de los altos cargos autonómicos a través de sus tarjetas. El Gobierno insiste en la proporcionalidad, que no es sino un eufemismo. Ante un golpe, la proporcionalidad siempre fue la cárcel. Como mínimo.

En el mundo, la principal preocupación sigue siendo la tensión con Corea del Norte. Precisamente España dio aviso de expulsión al embajador del régimen comunista en Madrid, por lo que deberá abandonar el país antes del día 30. Ya anteriormente se le había obligado a reducir el personal diplomático y esta semana, en línea con el resto de países de la Unión, Dastis le ha invitado a marcharse.

El motivo no es otro que los ensayos nucleares, y Estados Unidos sigue asegurando que destruirá a Corea del Norte si prosigue en esta línea. Las palabras, que bien podrían ser de Trump, son de Nikki Haley, embajadora americana ante la ONU, quien no obstante aseguró que es optimista de cara a una salida pacífica del problema. “Ninguno de nosotros quiere la guerra”, aseguró.

Una guerra cruenta, aunque sólo en sentido figurado, se está produciendo en el sector aéreo. Norwegian ha arrebatado casi 200 pilotos a Ryanair y la compañía irlandesa ha tenido que cancelar 2.000 vuelos en las próximas seis semanas. Michael O’Leary, mítico CEO que prometió beds and blowjobs en vuelos transatlánticos, ha reconocido su pésima gestión de la crisis y lo ha achacado a la mala distribución de las vacaciones de los pilotos. La crisis de reputación es de órdago.

Hoy, en España, seguiremos siendo testigos del golpe. Cuando la izquierda, ¡y quién sabe si la derecha!, hablen del encaje, la negociación y la seducción, recuerden estas palabras de Joan Tardá:

En 2003 hicimos los tripartitos para normalizar el independentismo y fue un éxito. El 2004 hicimos la investidura de Zapatero porque decíamos lo siguiente: como los independentistas sólo somos el 12% y, aunque no nos guste, tenemos que sacrificar una generación, y que no sean dos, vamos a hacer con la izquierda española una parte del viaje hasta la estación federal. Cuando lleguemos al estado federal español la izquierda española bajará del tren y nosotros continuaremos hasta la estación final, que es la república de Cataluña.

Siempre vuestro,

mb.