Un país de propietarios

Un país de propietarios

propietariosEn España toda riqueza es sospechosa. Dicho lastre, mucho más que con cuestiones religiosas, tiene que ver con un sistema educativo estrictamente socialdemócrata desde hace casi tres décadas. El Informe PISA demuestra que los escolares españoles están a la cola de conocimientos en finanzas y, teniendo en cuenta la tradicional e inefable devoción de los pedagogos hacia esta materia (no), lo extraño es que nuestros resultados no sean aún peores. Un país sin propietarios está más cerca de Podemos que de la civilización, porque difícilmente se valora aquello que se desconoce. Unas pensiones arrebatadas por el Estado, unos impuestos confiscatorios justificados de manera ciertamente torticera y un sistema educativo que considera usura cualquier actividad financiera no son sino el abono perfecto para una sociedad de indignados: jóvenes escasamente cualificados que, creyéndose en el colmo de la rebeldía, tan sólo anhelan más limosna estatal.

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